33 PASEANDO POR FERROL. VARIANTES DEL ESCUDO DE UN PAÍS LLAMADO ESPAÑA

 

EVOLUCIÓN DEL ESCUDO DE ESPAÑA

Entre los símbolos que caracterizan a un Estado se encuentran el Escudo, la Bandera y el Himno nacionales, que simbolizan la soberanía de la nación y representan la vigencia de los valores contenidos en su Constitución.

 El escudo de España tiene un antiguo origen que se remonta a los distintos reinos medievales españoles, con diversas representaciones a lo largo de la Historia, teniendo asimismo una importante influencia en su diseño las armas personales de sucesivos monarcas de la nación. El cuadro que se adjunta muestra la evolución del escudo nacional.


Evolución del escudo de España

Tras diversas vicisitudes, la Ley 33/1981, de 5 de octubre, desarrolló y reguló el uso del  actual Escudo oficial de España. En el escudo aparecen cuatro cuarteles representando los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra; en medio de ellos tres flores de lis como emblema de la Casa de Borbón. En la parte baja una granada como recuerdo de la conquista de la ciudad homónima. En ambos lados la representación de las Columnas de Hércules, con el letrero Plus Ultra (Más allá), como alusión a las navegaciones y posteriores conquistas de Ultramar.

E

Actual escudo oficial de España

Sin embargo, cumple saber que la actual Constitución Española aprobada el año 1978 y publicada ese mismo año, estaba presidida en su primera página por el escudo entonces vigente en el franquismo, careciendo de corona de remate y portando el Águila Nimbada y la divisa del Yugo y las Flechas, ambos símbolos antiguos que ya procedían del  reinado de los Reyes Católicos (finales del siglo XV) y no, como muchos creen, añadidos al escudo durante la época franquista. 

 


Primera página de la Constitución. Año 1978

LOS ESCUDOS NACIONALES DE FERROL DE LA ILUSTRACIÓN

PERMANENCIA DE LOS ESCUDOS DE LA CORONA

En diferentes obras realizadas en el Arsenal y el Astillero de Ferrol durante el siglo XVIII, Puertas del Dique y del Parque, Puerta del Astillero de Esteiro y Fuente de la Fama se conservan, mal que bien, los escudos reales de la época, elaborados entre los año 1730 y 1785. El escudo hoy situado en la Puerta del Parque es realmente el escudo procedente del antiguo Arsenal de A Graña, colocado en esta puerta el año 1868 con motivo de la visita de la Reina Isabel II.  Los cuatro escudos fueron colocados en los respectivos reinados de los monarcas borbónicos Felipe V, Fernando VI y Carlos III.

 


    


 Escudos de las Puertas del Dique y del Parque, Puerta del Astillero y Fuente de la Fama

 

PERMANENCIA DE LOS ESCUDOS DE LA I Y II REPÚBLICA

En los jardines de Herrera la estatua neoclásica del marino e ingeniero alicantino Jorge Juan, erigida el año 1869, lleva en su pedestal un escudo broncíneo de España, timbrado con una corona mural, símbolo de la Primera República. Pese a los años transcurridos y los cambios políticos habidos desde entonces, en un ejercicio de coherencia histórica, la Armada ha conservado el  escudo republicano en su lugar.

La fachada del edificio regionalista de Correos y Telégrafos en la plaza de Galicia, levantado el año 1935, lleva igualmente un escudo de España, en esta ocasión de piedra, rematado con la corona mural de la Segunda República. De la misma forma que en el caso anterior, los posteriores cambios políticos, incluido el franquismo, no significaron la desaparición de este escudo republicano, al igual que el existente en la vidriera interior del edificio.


Estatua de Jorge Juan. Edificio de Correos

DESAPARICIÓN DE LOS ESCUDOS DEL RÉGIMEN FRANQUISTA

Hasta hace algún tiempo una serie de edificios de Ferrol mostraban en su frontis los escudos del anterior régimen franquista, unos escudos basados en el blasón original de los Reyes Católicos (con diversas variantes), pero siempre portando el águila nimbada de San Juan introducida por los citados reyes de España, y las columnas de Hércules, con la inscripción Plus Ultra, introducidas por el rey Carlos I. 

Llegado el régimen actual, una serie de activistas políticos, en un ejercicio de calenturienta imaginación, ensayaron diversas soluciones para hacer desaparecer el  “ominoso símbolo” de los edificios de Ferrol. Todos estos escudos nacionales, que eran el símbolo histórico de una época, fueron hechos desaparecer.

Se utilizaron las más variadas soluciones para ello; desde el picado puro y duro del escudo: casos de la Biblioteca Municipal (antes Banco de España) y el Instituto Concepción Arenal, hasta el púdico ocultamiento, tapándolos por encima con otros emblemas o símbolos propios: casos de la Puerta de Navantia (antes E.N. Bazán) y fachada de la Universidad de Ferrol (antes Hospital de Marina).

Por su parte la sede de  la Fundación Caixa Galicia (antes Gobierno Militar) sustituyó el escudo por una especie de hucha (en recuerdo de su función original de Caja de Ahorros), mientras que la Armada, en varios edificios de la ciudad (Capitanía General, Auditoría), adoptó la solución de encajonar, conservando en su interior, sin destruir, el anterior escudo debajo del nuevo blasón legal. Como se puede ver, hubo tantas soluciones como cabezas (más o menos) pensantes.


  Escudos desaparecidos. Banco de España, Navantia, Fundación ABanca, Universidad

 


Nuevos escudos oficiales, encajonando el escudo anterior

Recorriendo Ferrol todavía se puede encontrar todavía olvidado algún escudo original de aquella época y así en el antiguo edificio de la Aduana, al parecer perteneciente a la Autoridad Portuaria, aún se puede contemplar en la fachada lateral de su zona interior ajardinada una bonita y curiosa (por lo poco habitual) piedra de armas.

El escudo, portado por un águila de San Juan, es de formas heráldicas totalmente libres y plenamente heterodoxas, con sus cuarteles circundados por una rueda dentada (símbolo de la Industria), carente de las flores de lis borbónicas, pero que ofrece como resultado un bonito blasón, de gran interés y curiosidad. Bien merece su conservación.


                                                     Escudo del edificio de la Aduana

“TORMENTA DE IDEAS”

Este Foro de Amigos de Ferrol propone un concurso (o si se prefiere una “tormenta de ideas”, en ese estúpido lenguaje utilizado por los filósofos postmodernos y activistas culturales del Concello), para que de alguna manera se pueda conservar este interesante blasón de piedra del edificio de la Aduana. En todo caso, se admiten todas las ocurrencias posibles como ocultar, policromar, picar, resaltar, disfrazar, dinamitar, sustituir, escamotear, encajonar, tapar, remodelar, pintarrajear, esmendrellar o modificar el citado escudo

32 EL CASINO FERROLANO. HISTORIA DE UNA SOCIEDAD CULTURAL Y RECREATIVA

 

LAS ASOCIACIONES Y SOCIEDADES DE FERROL

De siempre en Ferrol han coexistido un abundante número de asociaciones culturales y recreativas de distinto signo, representando a diferentes grupos sociales de la ciudad. Algunas de ellas, de larga historia, como el Casino Ferrolano, Toxos e Froles, el Ateneo Ferrolán, la Sociedad Filarmónica, el Círculo Mercantil e Industrial, la Sociedad Artística Ferrolana o Medulio todavía, mal que bien, prosiguen su actividad.

Además de entidades recreativas como el Liceo de Artesanos, la Tertulia de Amigos y el Círculo Recreativo, pronto desaparecidas, otras conocidas asociaciones como el Centro Obrero de Cultura, el Círculo Católico de Obreros, Airiños da Terra, el Liceo Rubia Barcia, la Sociedad Valle Inclán, la Fundación Ferrol Metrópoli o Tribuna para el Diálogo fueron cesando sus actividades. Deben citarse también las numerosas las asociaciones vecinales, deportivas, musicales o culturales en general, llevando a cabo una serie de actividades más específicas

LA CREACIÓN DEL CASINO FERROLANO

El Casino Ferrolano nació el 7 de enero de 1850, cuando un grupo de personas constituyeron una asociación llamada La Tertulia de Confianza, con el objeto de fomentar la cultura y las reuniones ciudadanas. Tenía su sede en la plaza de Amboage, en el amplio edificio que había sido el Antiguo Hospicio, hoy Centro Cívico Municipal. Sus dependencias ocupaban varios salones, con entrada principal por la calle María, cerrada con una muralla dotada de una amplia puerta central de hierro forjado y dos grandes faroles laterales. Según los estatutos de la asociación el año 1860 contaba con más de 200 socios.


                                                     Tertulia de Confianza. Finales del siglo XIX

En la década de 1880 la asociación se trasladó a un amplio edificio de la calle Real, entonces número 111, esquina con la calle de A Coruña, en el que destacaba un gran salón en la planta baja que estaba decorado con pinturas murales de Ramón Buch. En los pisos altos del edificio se situaban las salas de juego, la biblioteca y la cafetería. El año 1907 la entidad cambió su nombre a Casino Ferrolano.

 EL CENTENARIO DEL ACTUAL CASINO FERROLANO

Al ir creciendo la asociación ferrolana los socios acordaron la compra de varios solares contiguos, situados entre las calles Real  y Dolores, por 150.000 pesetas, con el objeto de levantar un nuevo edificio para la entidad. Realizó el proyecto y dirigió la obra Rodolfo Ucha Piñeiro, arquitecto municipal y socio de la entidad.

Hace ahora 100 años que se colocó la primera piedra en mayo de 1921, con la asistencia del alcalde Sánchez Calviño, el párroco de San Julián Manuel Montes y el presidente del Casino de la Peña Gavilán. El nuevo edificio fue inaugurado el 1 de octubre de 1925, habiendo tenido un coste de unas 400.000 pesetas.


                                                 Casino Ferrolano. Fachadas frontal y trasera

 El edificio del Casino Ferrolano da frente a las calles Real y Dolores, empleándose en su construcción el hormigón armada por vez primera en Ferrol. Destaca su ornamentación novecentista dentro de la disimetría de las fachadas. El frontal principal de la calle Real presenta una marcada verticalidad, en tres plantas de ventanas y balcones balaustrados, una profusa decoración ecléctica y una elegante cúpula de remate. La fachada de la calle Galiano tiene carácter más horizontal y muestra una galería menos resaltada.


 

 


Casino Ferrolano. Entrada principal

En sus cinco plantas el edificio del Casino Ferrolano dispone de una serie de espacios para el descanso y la cultura, cafetería, salas de exposiciones y conferencias, sala de juegos, además de una interesante biblioteca y los necesarios locales para oficinas. El edificio está organizado alrededor de un patio central situado en el primer piso de la entidad, destacando la sala de fiestas, el elegante comedor, los patios de iluminación natural y unas llamativas y poco conocidas vidrieras.


                                                          Cafetería y salón. Patio interior

 Como fruto de una discontinua labor expositora desde que inició su actividad el año 1925, el Casino Ferrolano muestra a lo largo de sus salones y pasillos una notable y abundante obra gráfica, más de 300 obras de artistas, en su mayoría pintores ferrolanos. Empezando por Bello Piñeiro, cuelgan sus obras en el Casino artistas como  Máximo Ramos, Leyra Faraldo, Carmelo González, Segura Torrella, Imeldo Corral, Francisco Yglesias y Carlos Villamil.

Durante la anterior presidencia de Ramón Lorenzo se llevó cabo una interesante política de exposiciones públicas del Casino Ferrolano. La I Muestra de la Pintura Ferrolana, realizada en diciembre de 2016, permitió dar a conocer una notable serie de obras propiedad de la entidad, dentro de la tradición pictórica y artística de Ferrol.

 


     








Primera Muestra de la Pintura Ferrolana

 


Precisamente la portada del Catálogo de esta primera muestra de pintura ferrolana ofrece una vista de las pinturas murales que Bello Piñeiro llevó a cabo a partir del año 1926 en la Sala de Conversaciones de la planta baja del Casino ferrolano. Se trata de un amplio salón, conocido popularmente como la Pecera, dotado de una larga cristalera que mira a la calle Real.

Como ya se describió en un anterior trabajo de este Foro de Amigos de Ferrol el techo y paredes de este Salón están decorados con unas simbólicas pinturas murales modernistas, únicas en su género en Galicia, obra del pintor natural de Mugardos Felipe Bello Piñeiro. Esta decoración mural, que constituye un homenaje al paisaje de San Andrés de Teixido, se realizó en varias etapas, entre los años 1925 y 1936.  


                                            Pinturas murales de la Sala de Conversaciones

En el interior del Casino cuelga una de las últimas obras del pintor local, José Gutiérrez Collado, año 2017, donde se muestra una vista de la sociedad desde la calle Real, apareciendo un grupo de socios alrededor del edificio. El cuadro, además de tratar de reflejar a los que consideraba socios habituales del Casino, nos muestra el hortera toldo actual que de alguna manera desentona de la calidad de una obra de categoría, como es el caso de la fachada modernista del edificio.

 


González Collado. “La casta“. Ferrol 2017

Precisamente esta obra pictórica lleva el inapropiado y poco elegante título de “La Casta”, nombre con el que Pablo Iglesias (hablamos del inefable individuo perteneciente al gobierno de la nación; no estamos hablando del respetable político de ese nombre nacido en Ferrol), designa a aquellos que no piensan igual que él.

En su larga historia, el Casino acogió de socios a relevantes personajes, teniendo como presidentes, entre otros, a Andrés Comerma, general de Ingenieros de la Armada; el escritor Alfredo de la Iglesia; los alcaldes José Lloveres, Demetrio Plá y Romero Filgueira; y el almirante Victoriano Suances. Fueron socios de la entidad, entre otros, Gonzalo Torrente Ballester, nombrado Socio de Honor el año 1976, Guillermo W. Martín y Rodolfo Ucha.

 


Instalaciones del Club de Tenis

EL CASINO FERROLANO-TENIS CLUB


Por su parte el Tenis Club fue creado por un grupo de jóvenes aficionados a la práctica del deporte, que formaron una sociedad deportiva el verano de 1934, siendo 225 el número inicial de sus socios. Tras la Guerra Civil alquilaron una finca en la calle Breogán, nombrando presidente a Fernando de la Calleja. El año 1961 compraron unos terrenos en la parte baja de Canido, lindando con el Parque Municipal, acondicionándolo con pistas de tenis y de patinaje, piscina, cafetería y local de baile, inaugurando las nuevas instalaciones en septiembre de 1963.

El 1 de noviembre de 1983, siendo los respectivos presidentes del Casino Ferrolano, Juan Luis Pita Romero, y del Tenis Club, Cristóbal Deza Barrio, ambas entidades llegaron al acuerdo de unirse en una nueva sociedad, contando en aquellos momentos entre ambas con más de 1500 socios y constituyendo de esta forma el  Casino Ferrolano-Tenis Club.

En mayo de este año 2021 se cumple el centenario de la colocación de la primera piedra del actual Casino Ferrolano, una obra singular del modernismo en Ferrol. Como ya se ha tratado por este Foro, en enero de este mismo año 2021 se cumplieron además cuarenta años de la muerte del autor de la actual sede social del Casino, Rodolfo Ucha Piñeiro.  

 

 

31 EL ASTILLERO DE FERROL DEL SIGLO XVIII. LA SALA DE GÁLIBOS Y EL GRAN TINGLADO

 

Dos edificios industriales de amplio tamaño levantados durante el siglo XVIII en el Real Astillero de Esteiro, uno de ellos desaparecido y el otro remodelado, fueron un reconocido ejemplo de instalaciones del Patrimonio Industrial de Ferrol. Se trata de los edificios conocidos como la Sala de Gálibos y el Gran Tinglado.  

LA SALA DE GÁLIBOS

Una de las construcciones más interesantes levantadas el siglo XVIII en el astillero de Esteiro fue la conocida como Sala de Gálibos, obra construida el año 1752 bajo la dirección del constructor inglés Richard Rooth. Las salas de gálibos de los astilleros tenían por objeto trazar las líneas a escala natural de un buque y luego construir las plantillas y moldes de las cuadernas y demás elementos estructurales, a partir de los citados trazados.

La Sala de Gálibos fue una de las primeras instalaciones industriales levantadas en el astillero de Esteiro. Se trataba de un amplio edificio de buena construcción de dos cuerpos, levantado en dirección Este–Oeste, con su frente principal dando al mar, situado cerca de las nuevas gradas de construcción de buques, las conocidas en su tiempo como gradas del Apostolado, como puede verse en la vista de Ferrol del siglo XIX que se acompaña.

 


                                             Vista de Ferrol, Arsenal y Astillero. Año 1872

Según se describe en el Diccionario Geográfico e Histórico de Pascual Madoz (año 1845) y en el Album de Ferrol de José Baamonde Ortega (año 1867), el primer cuerpo de la Sala de Gálibos era de sillería y lo formaban una serie de arcos abiertos de cantería, bajo los cuales se encontraba la zona de trabajo para la maestranza, estando unido al mismo un amplio tinglado para depósito de la madera.

El segundo cuerpo era de ladrillo y consistía en un gran salón de piso de madera, de 120 metros de largo y 14 de ancho, con luces altas muy amplias, disponiendo de 2 puertas, 14 lumbreras y 55 ventanas. Constituía el lugar de trazado de las diferentes plantillas de las cuadernas y otras piezas de los buques que se construían en las gradas del Arsenal de Esteiro.


                                      Sala de Gálibos. Vista exterior e interior. Año 1867

Dos grabados del año 1867, impresos en la Litografía Viuda de Lasa, muestran una vista exterior del edificio dando frente a la puerta de entrada del astillero y otra vista de su amplio y luminoso interior, ambos grabados reproducidos en el Álbum de Ferrol, obra de Baamonde Ortega.   

A lo largo del tiempo, la Sala de Gálibos tuvo alguna utilización poco conocida fuera de su faceta habitual de lugar de trabajo. Durante el mes de abril de 1767 tuvo que servir de alojamiento, durante algo menos de un mes y previa colocación de camas y colchones, a una parte de los 650 jesuitas que, procedentes de diversos lugares de España, fueron reunidos en Ferrol, antes de su embarque en los buques que los trasladaron hacia los Estados Pontificios por orden del rey Carlos III, a instigación del Conde de Aranda.

Posteriormente, en el viaje que el año 1858 realizó a Ferrol, la reina Isabel II visitó el día 2 de septiembre el Arsenal Militar, embarcando la familia real en la Falúa Real para presenciar en las gradas del Apostolado la botadura de la goleta “Diana”, visitando las instalaciones del Astillero y comiendo con sus invitados en el interior de la amplia Sala de Gálibos, para regresar seguidamente a su alojamiento de Capitanía General.


                                                    Nueva Sala de Gálibos. Año 1950

A partir del año 1909 inició sus actividades en Ferrol la Sociedad Española de Construcción Naval, modernizándose el Astillero de Esteiro. Como recuerda José María de Juan-García en su publicación “La Fábrica de Acorazados”, el año 1928 finalizó la construcción  de un nuevo edificio, situado cerca del antiguo, con dimensiones 70x21´5 metros, que dedicaba a Sala de Gálibos el piso superior y a taller de ebanistería la planta baja, dejando de utilizarse como tal la primitiva Sala de Gálibos, que sería derribada décadas más tarde.

EL GRAN TINGLADO

El año 1765 terminó la construcción de otro notable edificio en el Arsenal de Ferrol: el Gran Tinglado de Maestranza, el mayor edificio fabril de su época con sus 374 metros de largo y 15 metros de ancho. Diseñado por Julián Sánchez Bort, fue construido en su totalidad de cantería de granito con remates almohadillados. Se trata de un edificio de racionalismo estético, funcional y de carácter modular, proyectado para su dedicación a diferentes funciones industriales a lo largo de su existencia.

La instalación de dos plantas tenía originalmente como función el aparejamiento y mantenimiento de los buques de la Armada. Durante algo más de 100 años albergó los talleres necesarios para la reparación y el carenado en seco de los buques de vela y madera utilizados por la Armada.

Adaptándose a las nuevas tecnologías de la construcción naval: incorporación del acero al casco de los buques y utilización de la máquina de vapor para la propulsión naval, el año 1885 el edificio del Tinglado de Maestranza se remodeló como Factoría de Máquinas, albergando en su seno una serie de diversos talleres mecánicos. En un plano de procedencia inglesa del año 1790, donde se muestras la ciudad y arsenal de Ferrol, aparece en rojo un “great shed” (gran almacén), referido al Gran Tinglado. 

Ferrol y arsenal. Plano del año 1790

Entre los años 1910 y 1913, con motivo de la construcción del Dique Reina Victoria, el edificio quedó dividido en dos partes desiguales, desapareciendo casi 100 metros de los 374 metros iniciales. Con este motivo se remodeló nuevamente el Gran Tinglado que siguió siendo utilizado por la entonces Sociedad Española de Construcción Naval, iniciando un proceso de terciarización del edificio, combinando en su seno los usos industriales con funciones administrativas.


Obras del dique Reina Victoria. Año 1910

El año 1987 tuvo lugar una nueva actuación sobre el edificio del Gran Tinglado, momento en que las dos secciones del edificio fueron totalmente remodeladas, adquiriendo el aspecto que hoy muestra. Se realizó una discutida rehabilitación que trajo consigo la práctica desaparición de la zona porticada, propiciando su pleno uso para Oficinas de Dirección y Sala de Proyectos de la empresa Navantia.  



Edificio del Gran Tinglado. Antes y después de la reforma del año 1987

Placa de remodelación. Año 1987

EL PASADO DE AMBAS CONSTRUCCIONES

Dos láminas del año 1850 en las que aparecen sendas representaciones de la Sala de Gálibos y el Gran Tinglado son de la autoría de los hermanos José y Manuel Alonso Esquivel, pintores del arsenal de Ferrol, que en una serie de obras recogieron los aspectos más relevantes del Arsenal ferrolano a mediados del siglo XIX.


Sala de Gálibos. Gran Tinglado. Año 1850

EL POSIBLE FUTURO DE LAS INSTALACIONES INDUSTRIALES

 La obra de Juan Gelpi, “Ferrol. Ciudad Irrepetible”, publicada el año 1995, muestra una posible recuperación de la fachada marítima de la ciudad en el siglo XXI, si se trasladasen las instalaciones del Arsenal y de Navantia a la base de A Graña y los terrenos de Astano respectivamente. La recreación del autor quiere hacer pensar en una nueva función del edificio del Gran Tinglado como Centro de Turismo y Recepción de pasajeros de trasatlánticos.

Recreación histórica. Siglo XXI

OBLIGADO POST SCRIPTUM

Se ha preguntado en varias ocasiones a este Foro quienes son los destinatarios de estos trabajos. Siguiendo a Francisco Umbral, el escritor español más irónico de la posguerra, podemos decir que se les envía a “toda clase de amigos, conocidos, saludados y los ni siquiera eso”. Cada cual que se coloque en el lugar que crea que le corresponde. 

 

 

 

30 EL MAR DE A MAROLA. EL OTRO MAR DE FERROL

 

LA ISLA  Y EL MAR DE A MAROLA

En pleno Golfo Ártabro, como punto de encuentro de las rías de A Coruña, Ferrol y Ares-Betanzos, se encuentra la isla de A Marola, situada frente a Punta Pedrido y Punta Rasa, dentro de la parroquia de Santa María de Dexo perteneciente al Concello de Oleiros. En la accidentada costa de Dexo, enfrente de las citada isla, se encuentra la llamativa Punta de O Seixo Branco, un cantil que debe su nombre a su gran veta de cuarzo, visible a gran distancia y que posee un característico brillo con la luz del sol.

La isla de A Marola realmente es una roca irregular o promontorio rocoso, mayormente de piedra de granito, casi totalmente carente de vegetación, emergiendo del mar escasamente a 1 milla de la costa. La isla acoge una fauna, estudiada por Estanislao Fernández de la Cigoña, formada por aves nidificantes como el cuervo marino cristado y la gaviota patiamarilla, y mamíferos como algunas nutrias y murciélagos, mientras gozan de merecida fama las sardinas y merluzas de sus aguas. Muy cerca, a poco más de 700 metros al este de la isla de A Marola se encuentra el pequeño islote de O Marolete, llamado también O Corval (lugar de cuervos). Para algunos ambos son conocidos como los Farallones de A Marola.

   


                                                                     A Coruña. Carta Náutica, año 1764

Una de las más antiguas representaciones donde aparece la isla de A Marola es en una carta náutica de la colección Martínez-Barbeito, hoy en el Archivo del Reino de Galicia. Titulada “Plan de la Baye et Port de La Corogne”, es un precioso grabado en cobre coloreado a mano, impreso en París el año 1764. En la carta aparecen dos islotes rotulados como Roches de la Marola y en la costa la Pointe de Monte Branco.

Por su situación la isla de A Marola controla la entrada del Golfo Ártabro, siendo punto de confluencia de las corrientes marinas oceánicas y lugar de encuentro de las aguas de las rías de A Coruña, Ferrol y Ares-Betanzos, dando lugar a una mar normalmente muy batida y que en determinadas circunstancias de viento, llega incluso a ser arbolada, lo que justifica su fama que se refleja en numerosos refranes y dichos populares como el conocido que dice: “O que pasou a Marola, pasou a mar toda”.

Tanto para Cornide de Saavedra en su obra Descripción circunstanciada de la Costa de Galicia (ano 1764) como para Lucas Labrada en su Descripción económica del Reyno de Galicia (ano 1802) dicho accidente geográfico viene definido con el nombre de Pena da Marola. Para el primero de los ilustrados se trata de un “escollo grande y peligroso, donde zozobran muchas embarcaciones y el único mal paso para los buques que cruzan continuamente de La Coruña y Betanzos al Ferrol”. 

Mientras que la palabra Marola tiene un similar significado en los idiomas gallego y castellano: “movimiento o estado de agitación de las olas del mar”, el Diccionario de fraseoloxía galega, editado en Santiago el año 1991, recoge como frase aún hoy utilizada “Has de ir ao mar da Marola”, que viene a significar “Aínda que poñas interese, hache de custar traballo”.    

LA CANCIÓN POPULAR, LOS POETAS GALLEGOS Y LA ISLA DE A MAROLA

Pero también en el campo de la canción popular aparece recogido de  forma profusa este topónimo. La publicación Colección de Cantares Gallegos, que José Casal e Lois recopiló el año 1865 incluye la siguiente cantiga:

Rema, barqueiriño, rema,

bótame d´esta mar fora,

que me dí mêu corazón

qu´hei de morrer n-a Marola.

   

Isla de A Marola. Acantilado de O Seixo Branco

Otra serie de coplas populares cantan a isla de A Marola, que fue de siempre motivo de inspiración y objeto de atención popular por la bravura con que bate la marejada. Diversas variantes de una cantiga referente a ella aparecen recopiladas por Carmen Hermida en su obra Polo mar abaixo vai .... , publicada el año 2003:

                              Pasei a mar da Marola,                   Moreniña por te ver

ferrolana por te ver,                        pasei a mar da Marola,

paseina de madrugada                   arrisquei a miña vida

a piques de me perder.                  a piques de eu morrer.

Moreniña por te ver                        Pasei a mar da Marola,

pasei a mar da Marola,                   ¡adeus, miña queridiña¡,

moreniña por te ver                         polas illas de Sisargas,

pasaría eu a mar toda.                    ¡como si nunca te vira¡

                                Pasei a mar da Marola,

                                moreniña por te ver,

                                pola pena da Marola,

                                a piques de me perder.

También el moderno mundo musical dedicó su mirada a la isla coruñesa. Los Diplomáticos de Monte Alto, grupo coruñés de música rock, tenían en su repertorio la canción titulada Marola, donde decían:

                                                             ?Onde está a Maroliña,

   onde estás que te quero ver¿

     Avante toda, co mar ás costas,

                                                             Marola de meu querer.

 


La Peña de la Marola. Grabado de Antonio de Caula

Entre las representaciones gráficas de esta conocida isla destaca un grabado de Antonio de Caula del año 1883 titulado “La peña de la Marola”, donde aparece la isla rodeada de un encrespado mar, mientras se muestran en primer término un pequeño vapor y dos dornas desplegando al viento sus velas latinas.

De la misma forma los poetas gallegos cantaron a este accidente geográfico que la tradición marinera convirtió en un lugar temible. Curros Enríquez, el poeta de Celanova, canta a la isla en una patriótica y combativa composición que tituló “En corso”:

 

Mariñeiros da Marola,                          Mariñeiros da Marola,

de illas Cíes e do Orzán,                       de illas Cíes e do Orzán,

remendade ben as velas,                     non seredes mariñeiros

dáille sebo ás cordas xa;                       si temedes hoxe o mar;

reparade as velles redes,                      unha forca en cada verga,

os coitelos afiai,                                      na cintura un bon puñal,

i aprestaivos, mariñeiros,                      no temón un brazo forte

pola patria a mariñar.                            i a bogar, bogar, bogar ....

María Mariño, la poeta de Noia, recientemente galardonada con el premio del Día das Letras Galegas, le dedicó uno de sus poemas:

Crucei o mar da Marola e faloume no seu son,

faloume aberto en voz sonora e ritmo forte.

Cando de soia me erguín crucei o mar

da Marola; eran as ondas, enteiras, duras e longas,

era a súa espuma loita, non tiña medo do vento.

Mar sen marea que trocara súa ronda.

 Igualmente el escritor de Malpica Xosé M. Pose Mesura escribió recientemente un poema sobre el mar de A Marola, que leyó durante el pregón dedicado a Esmelle en la primera romería castreña del año ano 2002:

                                            Pasei o mar da Marola,

lixeiro para quererte,

Montecelo, Prioriño,

Doniños en donde ferven

asulaugados segredos.

 


                                                                 La isla de A Marola. Ánxeles Pena

El cuadro “La isla de A Marola”, es una obra del año 1998 de la pintora y poeta coruñesa Ánxeles Penas, autora de unas marinas de estilo muy personal. En este caso su obra se puede incluir dentro de la nueva figuración, dando la impresión de que la isla es un cetáceo que emerge de las aguas entre la niebla. 

El mar de A Marola inspiró también a los poetas en idioma castellano, como fue el el caso de del  historiador ferrolano Benito Vicetto que publicó una expresiva poesía titulada “La peña de la Marola” el año 1833 en la Revista Galaica, donde escribe: 

Negro peñasco que elevas                            Gigante de dura roca

tu frente sobre las ondas,                             que el vendaval rebramante

sin que ni un día la escondas                        por más que agite anhelante

en los abismos del mar;                                 la inmensidad sobre tí,

fragmento de la osamenta                            tú respondes al combate

de esta tierra en que nacimos,                      con tu imponente fijeza,

inmóvil peñón que vimos                               elevando tu cabeza

               siempre altivo, siempre igual.                       como buscando el cenit.

A pesar de la fama de peligrosas que siempre tuvieron las aguas de A Marola, no fueron muchos los naufragios y accidentes registrados en sus inmediaciones. No obstante, tuvo gran resonancia la muerte por ahogamiento cerca de sus aguas en junio de 1935 de Teodoro Morgade, poeta nacionalista nacido en Baio, que falleció con veinte añios de edad, en una prematura muerte como las de Manoel Antonio y Amado Carballo, también cantores del mar de Fisterra como Morgade.

 LA ISLA DE A MAROLA, LOS ESCRITORES Y SU RECUERDO EN FERROL

Farallón blanqueado por la espuma marina, A Marola y sus aguas adyacentes fueron siempre un paso difícil para la navegación, donde recibían el primer golpe de mar los emigrantes que marchaban a América y el último los pesqueros que regresaban del Gran Sol. De manera especial los vapores de viajeros que durante muchoa años hicieron la ruta entre los puertos de Ferrol y A Coruña (caso del “Ferrolano”, “Marqués de Amboage”, “Comercio”, “Mosquito” y otros) estuvieron sometidos a los embates de sus encrespadas ondas.


La isla de A Marola recibió la atención de escritores y viajeros. El militar y presunto espía inglés William Dalrymple embarcó en A Coruña hacia Ferrol. En su libro Viaje por España y Portugal el año 1774 describe su paso por A Marola: “Embarqué en un barco de pasaje para Ferrol. En la bahía de Betanzos hay una roca a una milla de la orilla; los marineros decidieron doblarla por la parte de tierra; el pasaje, al oir la decisión, comenzó a clamar contra la medida ...... Cuando llegamos a la roca, que tenía el peor de los aspectos, las olas nos sacudían y nos hacían rodar ........”. Finalmente el barco que conducía al escritor inglés arribó al puerto de Ferrol.

El año 1797 el ilustrado ferrolán Caamaño y Pardo elevó una exposición defendiendo la habilitación comercial del puerto de Ferrol. Citando el transporte de mercancías entre Ferrol y A Coruña escribía: “La travesía es muy temible por ser la costa brava, el choque y encuentro de rías y vientos impetuosos, tanto que los prácticos tiemblan este corto pasaje más que otros viajes más largos; y en medio hay un baxío que llaman La Marola, cuyos peligros lo explica con énfasis un proverbio vulgar: el que pasa la Marola, pasa la mar toda”.

En la visita que realizó a Galicia, el año 1836 George Borrow viajó por mar desde A Coruña a Ferrol. Con relación al viaje escribe en La Biblia en España: “Me mareé mucho en la travesía y tuve que ir echado, casi sin sentido, en el fondo de la pequeña lancha, abarrotada de gente. El viento era contrario y la marejada muy fuerte. No pudimos izar la bandera; unos marineros nos llevaron a remo y en todo el tiempo no cesaron de cantar canciones gallegas”.

Como recuerda Guillermo Llorca en su obra Ferroláns en Cuba, el periodista Álvaro de la Iglesia publicó el año 1886 en la revista cubana Galicia Moderna un artículo titulado “La Marola”, escribiendo: “Allí está. Álzase magnífica e imponente cual centinela avanzado de nuestro litoral, ..........  Desde afuera, se asemeja a un inexpugnable baluarte situado al abrigo del acantilado del Seijo Blanco. Desde la costa parece gigantesca ballena muerta á merced de las olas, a cuyo lado cruza el diminuto vapor del Ferrol como gallardo cisne”. Y así la ve, surgiendo de las aguas, el pintor Felipe Bello Piñeiro.

 


                                                        Bello Piñeiro, año 1923. La isla de A Marola

El año 1893 A Coruña fue la etapa final del periplo realizado por el viajero vasco Becerro de Bengoa que desde el muelle del Parrote descubre el amplo panorama de entrada al puerto coruñés, escribiendo que “las avanzadas puntas del Bufadoiro y del Seixo ocultan a la famosa Peña Marola,

.... solitario de granito,

vestido de blanca espuma,

destacado entre la bruma

que le envuelve sin cesar ....”

 El escritor coruñés Wenceslao Fernández Flórez el año 1918 dentro de sus crónicas parlamentarias del diario ABC, tituladas “Acotaciones de un oyente”, citando al diputado ferrolano García Valerio y sus continuados viajes en el vapor entre Ferrol y A Coruña escribe: “Durante muchos días se vió obligado a abandonar su dulce retiro de Serantes y pasar la Marola - donde los vientos del Sudoeste alzan oleadas furiosas -, sobre la cubierta de un pequeño vapor que le transportaba a La Coruña”. 

En fecha más reciente, el escritor ferrolano Torrente Ballester en su obra del año 1982 Dafne y ensueños cita los vapores “Marqués de Amboage” y “Mosquito” que hacían la travesía entre Ferrol y A Coruña, escribiendo que “La Marola es una peña que emerge más o menos en un lugar donde las corrientes se juntan y arman un buen remolino. Decían quienes lo vieron, que yo no fui en él jamás, que el barquito, en cuanto abandonaba la ría empezaba a bailar, y no lo dejaba hasta enfilar el castillo de San Antón”.

La Armada española, siempre atenta a los temas marineros, bautizó con el nombre de “Marola” a una patrullera que durante casi treinta años ejerció labores de vigilancia y salvamento marítimo en las aguas del  océano Atlántico y el mar Cantábrico, hasta que fue retirada del servicio el año 2010.

En su metopa, el emblema del buque para entendernos, diseñada por el almirante eumés Sande Cortizo, aparece un jabalí, motivo que, entre otras razones, atribuye a la presencia del linaje de los Andrade en la zona del Golfo Ártabro. De la misma forma aparece en la parte baja de la metopa una representación de la isla de A Marola entre las ondas de la mar.

                                         

Patrullero “Marola”

 Marola es también un sonoro nombre femenino. Así se llama la atractiva joven protagonista de la zarzuela La Tabernera del Puerto, obra que compuso Pablo Sorozábal el año 1936. Asimismo Marola es el título de un drama de reivindicación galleguista que Ramón Suárez Picallo, emigrante y político natural de Sada, estrenó en el Teatro Mayo de Buenos Aires el año 1925.

Por último, llevan el nombre de A Marola una calle del tradicional barrio ferrolano de Canido y otra del barrio coruñés de Monte Alto. En ambos casos es una forma de que las gentes marineras de ambas ciudades recuerden con orgullo esta isla, que tanto unos como otros consideran como propia.

 

Calle de la Marola. Canido. Ferrol